

Por Agencia Mp3
Pablo González es, como Assange, un cabeza de turco. Un rehén, como advertencia a cualquier periodista que pretenda cumplir con su obligación ética profesional, que es servir a la verdad, al Derecho ciudadano a la Información, consagrado en la Constitución española.
El pasado lunes 24, Julian Assange abandonaba la prisión de alta seguridad británica donde estaba recluido, y en la que ha permanecido los últimos cinco años, desde que empezó su persecución política por contar verdades como revelar la criminalidad y salvajismo de las acciones militares estadounidenses. Un largo cautiverio que comenzó el 16 de agosto de 2012, cuando el gobierno de Ecuador le otorgó asilo político en su Embajada con domicilio en Londres, para librarle de la persecución estadounidense.
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