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Para ganar una guerra un ejército necesita destruir objetivos militares. No ataca una plantación de arroz, ni bombardea un hospital pediátrico, que son acciones características de quienes, como la OTAN, tienen otros objetivos porque saben -desde hace mucho tiempo– que han perdido la Guerra de Ucrania.
Si las guerras las ganaran los periodistas, la OTAN habría triunfado rápidamente. No hay quien pueda hacer la competencia a la fabulosa difusión de bulos que es capaz de poner en circulación la OTAN y sus altavoces.
Cualquier medio alternativo tiene una doble tarea por delante, que es muy fatigosa por lo repetitiva. Hay que insistir -una y otra vez- en que una determinada “noticia” que circula ampliamente es falsa y, acto seguido, explicar lo que realmente ha ocurrido.
Es lo que ha ocurrido con el ataque del lunes contra el hospital pediátrico Ojmatdyt de Kiev: no fue perpetrado por la artillería rusa, como dicen los medios, sino que fue un fallo de la defensa antiaérea ucraniana.
El bombardeo fue grabado por cámaras de vigilancia, gracias a las cuales es posible identificar el misil que impactó en el hospital. No fue un misil de crucero ruso X-101 sino de un misil AIM-120 del sistema antiaéreo NASAMS de la OTAN.










