

23/05/26
Hay una teoría sobre que las piedras elevadas en las calzadas romanas tenían como función moderar la velocidad de las cuádrigas. Hay quienes dicen que esto no es así porque su función no era otra que la de ser unos «pasos de peatones», lugares que utilizaba la gente para pasar y eludir el barro. De hecho, cerca del Alcázar andalusí de Córdoba, debajo de un edificio de la Junta de Andalucía, hay unos restos de calzada romana donde hay una piedra muy grande que si no era para moderar la velocidad de las cuádrigas sí que era como una especie de badén o de semáforo de hoy porque estaba a la entrada a la ciudad. El tamaño de la piedra es sorprendente, lo mismo que su ubicación, por lo que lo más probable es que esa fuese su función. Sea como fuese, el hecho es que siempre hay piedras en el camino, obstáculos que nos impiden ir más rápido.
Es lo que hay que decir del montón de acuerdos alcanzados entre China y Rusia tras la visita de Putin a Xi de estos días donde todo ha ido de maravilla excepto que ha aparecido una piedra en esa carretera asfaltada. Es evidente que hay que ser optimistas y apuntar que es ahí donde se está decidiendo el futuro del mundo, entre China y Rusia. ¿Pomposo? Para nada. La cumbre de Beijing entre Xi y Putin ha sido, sin duda, la reunión más importante a nivel mundial de lo que llevamos de año, por no decir de los últimos años. Si todo lo acordado se plasma, tendrá importantes implicaciones geopolíticas porque es como la calzada romana, asfalta el camino para un nuevo equilibrio mundial en el que Occidente ya no es nada de nada. Ni siquiera EEUU. Aunque está la piedra.
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