
En respuesta al ataque de los nacionalistas integristas ucranianos contra el oblast ruso de Kursk, Rusia parece haber desplegado allí varios miles de soldados norcoreanos.
Más que ver esa respuesta rusa como parte de la guerra que libra contra Rusia desde 2022 a través de Ucrania, Washington la ve como parte de otra guerra: aquella que inició en la península de Corea, en 1950, y que técnicamente todavía no ha terminado, a pesar del alto al fuego, contra los comunistas coreanos y chinos.
Viendo las cosas desde esa perspectiva, Washington reaccionó, el 19 de noviembre, guiando hacia el territorio ruso 6 misiles ATACMS (Army TACtical Missile System) que había entregado a Kiev [1]. Esos misiles estadounidenses fueron dirigidos no sólo contra el oblast ruso de Kursk sino también contra el de Briansk, igualmente en territorio de la Federación Rusa. Por su parte, el gobierno de Reino Unido decidió, el 21 de noviembre, guiar hacia suelo ruso los misiles Storm Shadow que había entregado a Kiev. Todos los misiles mencionados, tanto los de fabricación estadounidense como los de fabricación británica, fueron destruidos en vuelo por la defensa antiaérea rusa.
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