

La primera huelga contra Tesla se ha convertido en el paro más largo vivido en Suecia en un siglo. Y la mecha solidaria ha prendido en otros sectores: correo, servicios de limpieza, taxistas, estibadores…
El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ha encargado recientemente a Elon Musk, propietario de Tesla y hombre más rico del planeta, que lidere –junto a Vivek Ramaswamy– un nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental que, en palabras del propio Trump, debería allanar el camino para que su Administración desmantele «la burocracia gubernamental, reduzca el exceso de regulaciones, los gastos innecesarios y reestructure las agencias federales, algo esencial para el movimiento ‘Salvar a Estados Unidos’». El nombramiento se produce después de que el controvertido magnate sudafricano donase 200 millones de dólares a la campaña de Trump y se convirtiese en uno de sus principales apoyos públicos. Por otro lado, la elección ha tenido consecuencias que van más allá de las estrictamente políticas y su red social X –antigua Twitter–, a la que muchos usuarios consideran un simple megáfono al servicio de la extrema derecha y cuyo algoritmo potencia las teorías de la conspiración y el racismo, ha sufrido un reguero de abandonos de anunciantes y usuarios hacia plataformas que consideran menos tóxicas.
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