
El arte posee la facultad de trazar genealogías invisibles, puentes temporales entre tragedias separadas por la geografía. La exposición La historia no se repite, pero rima, comisionada por Tamar Garb en el Museo Reina Sofía, materializa este fenómeno al situar en confrontación directa dos tótems de la resistencia visual. Frente al colosal lienzo antibelicista de Pablo Picasso descansa, por primera vez fuera de las fronteras sudafricanas, el African Guernica (1967) del artista Dumile Feni. Este encuentro físico opera como un acto de justicia poética. Invita a examinar los legados del colonialismo, la violencia institucionalizada, las formas en que los creadores racializados desarticularon las narrativas opresoras de su tiempo. La yuxtaposición física de los cristales en la sala genera un reflejo imprevisto. Las figuras picassianas se proyectan sobre el trazo de Feni, un bucle estético que devuelve al espectador la deuda histórica de las vanguardias occidentales con la plástica de la Memoria Histórica Africana.









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