

La corrupción política no es solo el político que mete la mano en la caja. Es el sistema que deja morir a Daniel Blake entre formularios. Es el dinero sucio que sale del Congo, pasa por la City de Londres y llega a Ginebra sin que nadie vaya a la cárcel. Es la policía de Baltimore que mira para otro lado mientras una comunidad entera se hunde. Este fin de semana, tres piezas para entender que la corrupción no es una excepción del sistema — es su funcionamiento normal.





