campo de concentración−uno de los paradigmas de la modernidad según Giorgio Agamben que en una ocasión famosamente había denunciado “que Israel ha hecho de toda Palestina un ‘gran campo de concentración’” ( Il Manifesto, 3/6/2010)–, pasó de una mera comparación calculada a aumentar la consciencia sobre la suerte de los palestinos bajo la interminable ocupación militar israelí, a ser una estricta descripción de la realidad que hoy está siendo llevada a sus extremos y
lógicosdesenlaces.
Al apoderarse de Gaza en la Guerra de los Seis Días (1967) −que desde 1948 estaba bajo el control egipcio y cuya población casi se triplicó de golpe con los refugiados expulsados durante la Nakba por las milicias sionistas−, Israel, desde los inicios, intentaba reducir su población, buscando transferirla
a Egipto, Libia, Irak e incluso a Paraguay (sic) (t.ly/JJIPN). Pero después de varios intentos frustrados, el sistema de seguridad concluyó que era preferible contenerla
en un solo lugar −donde podía ser vigilada y disciplinada−, en vez de dispersarla por la región.


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