No es un barco. Son decenas. Otros se irán incorporando a medida que avance la travesía. En ellos viajan miembros de la sociedad civil. Su representación es amplia. Las y los tripulantes son actores, médicos, periodistas, luchadores medioambientales, defensores de los derechos humanos. Saben a lo que exponen. Y han sido instruidos. Seguramente serán interceptados por la armada, la aviación y el ejército israelíes. Asimismo, son conocedores de las técnicas sofisticadas de torturas sicológicas practicadas por los servicios de inteligencia del Mossad. Sus medios de comunicación presentarán a la flota y a sus tripulantes como terroristas y una amenaza para la paz regional. Utilizarán adjetivos, les imputaran delitos y no pocos de ellos acabarán en sus cárceles.
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