

La condena a los presos políticos saharauis no es de cárcel. Es una condena a muerte. Una muerte provocada para una agonía lenta. Les van destruyendo a base de indefensión, de tortura, de aislamiento, de bazofia, de suciedad, de tristeza, de humillación. Si caen enfermos, no les curan, y así se van deteriorando hasta extinguirse.
Hoy, hemos dedicado nuestra concentración de los lunes a Mohamed Lamine Haddi, periodista, preso político saharaui en una cárcel marroquí, condenado a muerte por sus carceleros.
Le pedimos al ministro que se involucre en evitar esa barbarie.
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