

La salud de nuestros cuerpos no puede comprenderse exclusivamente desde una perspectiva biomédica tradicional. Durante décadas, la medicina hegemónica ha tratado los problemas hormonales y reproductivos como fallos estrictamente individuales o biológicos. Sin embargo, diversos estudios demuestran que la exposición a contaminantes ambientales y disruptores endocrinos está socialmente distribuida y profundamente condicionada por factores estructurales como el género, la clase social y, de manera crucial, el racismo estructural.











