Editorial de la Unión Palestina de América Latina – UPAL
Las imágenes hablan por sí solas. En los salones de lujo de Sharm El-Sheikh, Donald Trump se reunió con los llamados “líderes” árabes antes de la cumbre de la supuesta paz para Gaza.
No fue una reunión de dignidad, sino un desfile de humillación y sumisión.
Allí estaban los representantes de regímenes que alguna vez prometieron defender a Palestina, inclinando la cabeza ante quien ha legitimado la ocupación, el genocidio y la humillación de todo un pueblo.
Entre cámaras, apretones de manos y sonrisas diplomáticas, lo que realmente se firmó fue el acta de vergüenza del mundo árabe oficial.
Estuvo presente Mahmoud Abbas, pero no estuvo la bandera palestina.
Una ausencia simbólica, pero profundamente reveladora: Palestina, la verdadera, la que resiste en Gaza, en Yenín y en los campos de refugiados, no fue invitada a esa mesa.
El ocupante sí; la víctima, no.



