

Un familiar sostiene la mano de Yahya al-Malahi, de tres años, muerto en un ataque israelí, antes de su funeral. Ciudad de Gaza, 14/4/2026. Foto: Omar Al-Qattaa/ AFP.
La semana pasada reinicié mi diario de a bordo después de algunos problemas de salud. Os lo cuento porque dicen mucho, más allá de mi caso personal, sobre la situación de todos los habitantes de Gaza.
Sufrí un dolor en el ojo cuya causa no se pudo identificar. Aunque logré encontrar un oftalmólogo, éste no tenía los dispositivos necesarios para poder realizar el examen. También tuve un ataque de gota muy doloroso que me dejó en cama durante una buena semana. Esta afección puede parecer paradójica en un territorio sometido a desnutrición, pero no solo está relacionada con una alimentación demasiado rica. También es causada por el consumo excesivo de legumbres secas como las lentejas. Y las lentejas, para mí como para los demás habitantes de Gaza, son nuestro plato diario…
Un shock del que todavía no me he recuperado.
Durante este período de inacción, he pasado el tiempo viendo las noticias en mi teléfono móvil gracias a las pocas conexiones que aún funcionan. Vi un vídeo que me causó un shock del que todavía no me he recuperado. Escuché al jefe de la diplomacia francesa, Jean-Noël Barrot, citar el 9 de abril ante el Senado una conocida fórmula de Golda Meir, primera ministra israelí de 1969 a 1974: “Podemos perdonar a los árabes por haber matado a nuestros hijos. No podemos perdonarles por obligarnos a matar a sus hijos”. Para el Ministro de Asuntos Exteriores, esta frase absurda ilustra ¡“la ética humanista y universalista de Israel”!










