Estudiantes, profesores y cuerpo administrativo forman parte de un engranaje perverso. Docentes jubilándose anticipadamente, aumento de la deserción estudiantil y precariedad del personal administrativo. Si hiciésemos una radiografía, la universidad padece de neoliberalismo. La competitividad, al igual que las nuevas pedagogías, ancladas en la inteligencia artificial y una visión mercantil de la enseñanza, configuran el problema.
Los nuevos docentes se mueven en la sociedad de mercado, con sus valores y mecanismos de ascenso social. Son la generación digital. Veneran la inteligencia artificial, el big data, el Power Point y se comunican on line. Entre sus méritos, hablar idiomas, y poseer un currículo repleto de cursos varios y estancias en universidades extranjeras. Su hándicap, un desprecio al pensamiento social clásico. Ni Weber, ni Simmel, ni Sombart, Sorokin, Arendt, Adorno o Marcuse o Marx, forman parte de su saber. Bajo el argumento que su pensamiento no es necesario para explicar el sistema social en el cual vivimos, directamente lo soslayan. Sus lecturas se limitan a los autores de moda. Así se constituye la nueva comunidad universitaria
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