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En unos países tan pobres, como los del Sahel, cualquier cambio político tiene que ser bienvenido, porque hasta el momento las cosas no han podido ir peor. Es el motivo de que últimamente estemos de enhorabuena: todo está cambiando muy rápidamente.
En 2020 y 2021 sucesivos golpes de Estado llevaron al poder al coronel Assimi Goita en Mali.
En 2022 se produjeron otros dos golpes de Estado en Burkina Faso, el último de los cuales llevó al poder al capitán Ibrahim Traoré.
En julio del año pasado fue el turno del general Abdourahamane Tchiani, quien tomó las riendas de Níger tras otro golpe de Estado.
Se acabaron las operaciones militares de los ejércitos occidentales. Las bases militares de Estados Unidos, Francia y Alemania se cerraron. Algunas embajadas occidentales también bajaron la persiana y algunas empresas se han tenido que marchar.
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