Donald Trump volverá a la Oficina Oval. Tras un atentado fallido y reditando como narrativa de campaña sus demagógicas posturas racistas, nativistas y chauvinistas, el candidato republicano ganó las elecciones y se convertirá por segunda vez en presidente de Estados Unidos. Declarado culpable de 34 delitos graves en mayo pasado, el magnate y ex presentador del reality show The Apprentice (El aprendiz), quien encarna en la realidad al empresariado lumpencapitalista rapaz, carroñero y depredador, recurrió durante su primer mandato al chantaje y las amenazas urbi et orbi −típico modus operandi de EU− para infundir miedo, y ahora, un Trump recargado parece decidido a impulsar el proyecto proteccionista/arancelista de los poderes fácticos que lo manufacturaron (a él), no para cambiar el statu quo, sino para reproducir la lógica del imperialismo con su base clasista común −hoy más elitista y excluyente−, la de la plutocracia monopólica y financiera (la guerra de clases
de Waren Buffett, pero con esteroides), cuyo núcleo se resume en la esencia blanca, anglosajona y protestante (white, anglo-saxon, protestant, WASP, por sus siglas en inglés).