

En el siglo XVI, en pleno Renacimiento, una nueva manera de hacer teatro nació en Italia y se extendió por toda Europa. Se basaba en el humor y la improvisación y sus actores realizaban las representaciones en plazas y mercados. Este género, un antecedente del teatro actual, se bautizó con el nombre de Commedia dell’Arte. Estamos en el siglo XXI y salvo que ahora no hay humor, sino tragedia, a lo que asistimos es a lo mismo: improvisación.
Improvisa el zombi europeo, improvisa EEUU, improvisa el país 404, antes conocido como Ucrania. El único que no improvisa es Rusia. Pero los primeros salen a las plazas y a los mercados a representar un papel que reproducen hasta la nausea los del estercolero mediático. Lo del alto el fuego de 30 días es una de las mejores representaciones que se pueden ver hoy día, seguido, claro está, por las amenazas del matón de barrio si no se implementa. Lo curioso del caso es que nadie, o muy poca gente, lee la parte del guion que ha escrito Rusia y sin el cual no hay arte, sino comedia. Y ni siquiera eso.
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