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Libro: Riquezas infinitas.

Autor: Okri, Ben
Editorial: El Cobre 2005

Esta obra cierra una trilogía que protagoniza Azaro, un abiku, niño-espíritu que, según los mitos yorubas, tras morir se reencarna incesantemente, y que en la literatura de Okri simboliza las duras peripecias de Nigeria, país rico como pocos, violento e inflamable como quizá ninguno en África.
En Riquezas infinitas Azaro, sin moverse de la cama, contempla lo que es, lo que ha sido y lo que ha de ser. Sin salir de casa, oye los sonidos de la selva, los rumores de los árboles que desaparecen y abren claros en la espesura, el chasquido de la riqueza, el grito del poder… Los espíritus le piden que regrese a su mundo, pero él observa y escucha.
Un léxico directo, sin recovecos, sirve para tensar al límite la atmósfera de delirio y misterio que rezuma cada frase y le ayuda a crear un universo fantástico, metafórico, explosivo, poblado de personajes a la vez reconocibles y extraños. Ben Okri, con imaginación torrencial, vuela a lomos de un África traicionada y esquilmada, pero inmortal. En el relato, lo físico se funde con lo espiritual y la vigilia penetra en el territorio de los sueños. Al final, Azaro aprende que, pese a la sangre y a la crueldad, la vida es riquezas infinitas.

Los negros nunca irán al Paraíso

Autora: Tanella Boni

Tanella Boni, poeta y escritora, nació en Abidján (Costa de Marfil). Doctora en Letras por la Universidad de París-IV la Sorbona, es Profesora Titular y filósofa. Enseñó filosofía durante numerosos años en la Universidad de Cocody en Abidján, ejerciendo, en paralelo, algunas funciones administrativas, en particular, las de Vice-decana de 1993 a 1997. Fue, además, de 1991 a 1997, Presidenta de la Asociación de los escritores de Costa de Marfil.

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“¡Los negros nunca irán al paraíso!’ La negación absoluta planeaba en la expresión. Así, la exclamación del desconocido me alentó a seguir adelante en mi investigación sobre los clichés que no dan ya risa a nadie. A la espera de un improbable avión, había yo recogido, sin evaluar toda su importancia, esa frase clave a mi alcance, capaz de abrir mi vida cosida con mil interferencias, de devolverme la memoria no perdida aún, sólo adormecida. Tenía, primero, que encontrar las palabras adecuadas para la conversación, el ejercicio más difícil entre dos desconocidos separados por el muro de la piel”. Por medio del retrato de Amédée-Jonas Dioeusérail, se hace escuchar la voz de los excluidos, de los “itinerantes”, de los “negratas desarraigados”.