Una Ley para la Máquina

Fuente: https://periodicogatonegro.wordpress.com/2020/10/14/una-ley-para-la-maquina/                                                         octubre 14, 2020

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

Franz Kafka, “Ante la Ley”.

Inexperto con relación a la marcha del mundo, incapaz de verme ligado a todo suceso posible en esta marcha, me pregunto solamente: ¿puedes querer también que tu máxima se convierta en norma universal? De no ser así, resultará despreciable y ello no por cierto a causa del perjuicio que para ti o para otro pueda representar, sino porque no tendría cabida como principio en una legislación universal.

Immanuel Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres.

Kant como pensador moderno de la razón propone un giro subjetivo que contiene la pretensión de quitarle fundamento a toda moral basada en la idea de felicidad (que había estructurado gran parte del imaginario ético del mundo clásico hasta la Ilustración) y situar el deber como fenómeno moral central. Este movimiento metodológico llevado adelante por Kant en el plano de la ética consistirá esencialmente en redefinir lo bueno a partir de lo correcto. El principio que otorga valor moral a las acciones no resulta del bien a conseguir o del conjunto de virtudes a desarrollar, sino de la consciencia que manda a la voluntad a obedecer sin condiciones la ley moral que emana de la razón misma.

En la obra Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Kant va a formular una ley de carácter universal. Dicha ley va a ser el imperativo categórico. Esta formulación kantiana representa la necesidad de una acción como objetivamente necesaria sin otra referencia que la propia corrección de la misma. El imperativo categórico es una fórmula que expresa actuar según una razón que manda no ceder a las inclinaciones naturales, a los intereses individuales, o a las presiones sociales: una razón que manda como obligación incondicionada el mandato de hacer corresponder la máxima subjetiva que orienta nuestro obrar con la ley objetiva que nos hace morales: “El imperativo categórico es, pues, solo uno y es éste: obra solo según aquella máxima de la que al mismo tiempo puedas querer que se convierta en norma universal” (Kant, 1964, p.112): “Hay que poder querer que una máxima de nuestra conducta llegue a ser una ley universal. Este es el canon del juicio moral para cualquier caso” (Kant, 1964, p.114). Ahora bien, se podría sostener que los principios argumentativos de la teoría normativa universalista son propicios para una crítica de las costumbres comunitarias, de los códigos socialmente heredados de conducta, y de las representaciones subjetivas. Si estos códigos sociales se sostienen bajo lógicas opresivas heredadas, la intervención crítica universal mediante el imperativo categórico podría llegar a desarticular mandatos contingentes basados en opresiones milenarias. Sin embargo, la teoría normativa universalista, este tribunal supremo de la razón, se sitúa en una inquebrantable confianza en el progreso civilizatorio y en todo lo que este desarrollo histórico conlleva: mercantilización de la Tierra y de los cuerpos, creación de ciudadanía, institucionalización de lo vital. Es decir, el imperativo categórico es una ley fundamental para la Máquina.

Los férreos creyentes del autoritarismo, de las jerarquías y de la dominación, históricamente han sostenido la incapacidad que tiene el ser humano de relacionarse con el mundo y con lxs otrxs. En este sentido, Kant también alude a esta incapacidad relacional: “Inexperto con relación a la marcha del mundo, incapaz de verme ligado a todo suceso posible en esta marcha, me pregunto solamente: ¿puedes querertambién que tu máxima se convierta en norma universal?” (Kant, 1964, p.82). En consecuencia, ¿poder querer que una máxima de nuestra conducta se convierta en legislación universal y que no exista lugar por fuera de ella, no es estar sedimentando, a través del totalitarismo de la razón, el totalitarismo del Estado, del Derecho, de la Religión? Si lo empírico y las contingencias de los sucesos posibles se rigen en todos los casos mediante una ley universal estática e inamovible, ¿damos lugar a la vida como organismo hipercomplejo anárquico que, por un lado, se autorregula hacia dentro, y por el otro, evoluciona mediante relaciones simbióticas hacia afuera? ¿Damos lugar a la armonía de la diversidad en las relaciones con y en el planeta? ¿Damos lugar a las comunidades de lxs diferentes?

La teoría normativa universalista kantiana implica un nuevo Dios: el fundamento absoluto de la razón vinculada al desarrollo de la civilización capitalista occidental. El Estado encarna ese progreso y los individuos no pueden más que someterse a esa necesidad histórica, deben sacrificarse por el progreso unidireccional de la historia. ¿Cómo pensar éticas dinámicas de libertad si estamos sujetos en todo momento y en todo contexto a un tribunal absoluto de la razón? ¿Cómo pensar principios éticos endógenos y contingentes de una comunidad si existe una ley moral suprema y universalista?

El Estado-Capital, visto como lógica opresiva totalitaria, con toda su maquinaria legal y educativa, ha querido asfixiarnos entre sus muros. Nos ha impuesto mediante la violencia física e intelectual una verdad dogmática, férrea e inexorable: por fuera del Estado-Capital (dicotomía necesaria para significar, ya que no existe uno sin el otro) no hay nada. Enunciado que revela la fuerza opresiva del Estado, que demuestra que es lo opuesto a la libre organización de los individuos para el bienestar social. Por lo tanto, la moral universal kantiana es un fundamento más para sostener la violencia estructural del Poder.

Comparecer ante el Estado, ante esa maquinaria de la cual somos la carne en la que él inscribe su Ley, como comparecer ante el tribunal supremo de la razón kantiano, ante la Ley de ese guardián poderoso, nos localiza en esa línea histórica que nos paraliza para crear vínculos solidarios y libertarios. Cerrar definitivamente la puerta de la Máquina puede ser alguna salida por fuera de la eterna espera en la que nos sitúa la opresión patriarcal, capitalista y estatal.

Pi Chon

Vladimirovich

Referencias bibliográficas

-Kafka, Franz, “Ante la ley”, disponible en: http://www.dominiopublico.es/libros/K/Franz_Kafka/Franz%20Kafka%20-%20Ante%20la%20Ley.pdf

-Kafka, Franz,“En la colonia penitenciaria”, disponible en: http://www.biblioteca.org.ar/libros/11395.pdf

-Kant, Immanuel, Fundamentación para la metafísica de las costumbres, Buenos Aires, Aguilar, 1964.


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