No son Las Campos, eres tú

Fuente: Iniciativa Debate/Pepito Grillo                                                            

Me gusta mucho Twitter, aunque solo como espectador, porque aparte de encontrar habitualmente información de primera mano en casi cualquier noticia (evitando así interpretaciones o intermediarios), tampoco hay mejor escaparate de lo que somos como sociedad. Y todo en tiempo real, en vivo. Si algo aparece en su “Trending Topic” es porque se lo ha ganado en audiencia; es porque está interesando, es porque sin duda es tendencia. Y hoy he desayunado con el “TT” de Las Campos, el docu-reality protagonizado por la famosa presentadora y sus hijas.

No es ninguna sorpresa. De hecho lo que sí hubiera sido sorprendente es que no fueran el centro de atención. Esto es España, y aquí las colas para comprar libros sólo están al alcance de la intelectual Belén Esteban. Donde empieza lo interesante es en los comentarios, porque el 99% son para criticar el programa y para poner verde a tan ‘vulgar y derrochadora’ familia. Incluso se hacen gif’s de los ‘mejores momentos’.

Pero no han sido únicamente las redes sociales las que han centrado su atención en la crítica personal, porque los medios generalistas se han volcado en la misma dirección e incluso con mayor inquina.

Asqueroso, obsceno, lujo, derroche…

Bueno, es lo que vende. Tampoco se les puede criticar por ello. Los ‘clics’ no llegan hablando de Sócrates, Sartre o Derrida, y podemos fruncir el ceño como dignos culturetas, pero sobre lo que puedes encontrar discusiones multitudinarias y encabronadísimos debates no es sobre la analiticidad o la biopolítica, sino sobre lo que ha dicho tal o cual participante en Mujeres, Hombres y Viceversa, o sobre lo último de Gran Hermano o similar.

Por esto mismo resulta tragicómico que tanto usuario que no sabe ni escribir su nombre correctamente, y después de haberse tragado semejante circo mediático, se ponga a valorar negativamente el comportamiento de quienes precisamente están provocando sus comentarios: su interés, aunque sea negativo.

Maria Teresa Campos (y esto conociendo su trayectoria sería lo de menos) es licenciada en Filosofía, y solo por eso ya se supone que sabe lo que es un comportamiento socialmente aceptable, como también lo saben sus hijas. De la misma forma que todas ellas saben que eso no vendería, y que lo que deja dinero es el bochornoso espectáculo que producen para esa audiencia ávida de experiencias ajenas.

Obviamente no pretendo defender la decisión de las Campos, que además no son santo de mi devoción, ni tampoco a esos medios que se suman a tan lamentable espectáculo, pero no voy a criticarlo porque al final todos caemos de una u otra forma en parecido pozo. Lo que sí quiero lamentar, porque nos afecta al resto, es que una buena parte de la población española siga siendo tan sumamente simplona y obtusa, pero es lo que hay. Y lo que seguirá habiendo si en lugar de señalarlo nos pasamos la vida responsabilizando al sursuncorda de su ignorancia. Porque sin ir más lejos en este caso habría que decirles que no, que las vulgares no son las Campos: que ellas no son el problema, porque el problema, y muy importante, eres tú, querido espectador. Pero, ¿quién le pone el cascabel al gato?

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