Fuente: Hilda Suárez/Alejandro Balbiano/María Eugenia Farías/Nuestromar
María Eugenia Farías es una bióloga muy especial. Actualmente dirige el Laboratorio de Investigaciones Microbiológicas de Lagunas Andinas dedicado, entre otras cosas, al estudio de los microorganismos que viven en lugares “extremos”. Ella fue la descubridora en nuestro país de unas asociaciones de organismos de características únicas: los estromatolitos. Aquí se los presentamos.
La larga historia que dio nacimiento a nuestro planeta comenzó hace 4.500 millones de años, y unos 600 millones de años después aparecieron las primeras formas de vida, parecidas a las bacterias actuales. En esos momentos la Tierra era un lugar difícil para la vida tal como hoy la conocemos, ya que poseía una atmósfera formada principalmente, según algunos científicos, por amoníaco, hidrógeno, metano y agua, o según otros, por nitrógeno y dióxido de carbono. Lo cierto es que en esa época no existía el oxígeno libre en estado gaseoso, ni en la atmósfera ni en los océanos. Pero hace 3.500 millones de años ocurrió algo que cambiaría para siempre la vida en el planeta. En ese tiempo, en el que aún no había continentes sino solo islas volcánicas bañadas por los mares, se originaron unas extrañas formas que llenaron las playas: los estromatolitos. Podrían haber pasado por rocas ordinarias, pero eran en realidad un conjunto de microorganismos y fueron la forma de vida más abundante durante millones de años.
Organismos únicos y extremos
Los estromatolitos son asociaciones de algas y bacterias que crecen en capas, formando estratos y atrapando sales como el carbonato de calcio del medio acuático que los rodea. De esa manera parecen rocas cubiertas con un fino tapiz de microorganismos. En la parte superior hay cianobacterias, un tipo de bacterias que se encuentra en la capa de verdín de los estanques, capaces de hacer fotosíntesis y así obtener energía a partir de la luz. Antes se las denominaba algas verde azuladas y son una de las formas de vida más resistentes que se conocen. En los estromatolitos las cianobacterias están asociadas con distintos grupos bacterianos que son capaces de reciclar los elementos esenciales para la vida, como hierro, nitrógeno y azufre. Estos microorganismos cooperan entre sí, obteniendo beneficios mutuos y pueden crecer en ambientes “extremos”. Cuando decimos extremos nos referimos a lugares con mucha salinidad y baja concentración de nutrientes.
Durante el precámbrico los estromatolitos “envenenaron” el océano con oxígeno, un gas extremadamente tóxico para las otras bacterias, invadieron el mundo y desplazaron al resto de los microorganismos. Las cianobacterias “inventaron” la fotosíntesis y transformaron la atmósfera al añadirle oxígeno. Por eso los estromatolitos cambiaron completamente las características de la Tierra y la prepararon para una vida principalmente aeróbica, o sea, que respira oxígeno.
Los estromatolitos son como un libro abierto para los geólogos, ya que en su es-tructura y en su composición química guardan el secreto de cómo era nuestro planeta en el momento en que se formaron. Son los sobrevivientes de formas muy antiguas, que existieron hace unos 3500 millones de años. En la actualidad, estos descendientes vivos siguen existiendo en lugares remotos. Los fósiles más antiguos de estromatolitos se encuentran en África. Se los considera “fósiles vivientes”, aunque conceptualmente esto es un error ya que los fósiles son organismos muertos, pero el término grafica muy bien el hecho de que habitaron la Tierra desde el comienzo y todavía, aunque escasos, siguen existiendo. Los estromatolitos vivos se encuentran en muy pocos lugares del mundo. Los más conocidos son los de Bahía Tiburón en Australia, los de Cuatro Ciénagas en medio del desierto de México y los de Yellowstone en Estados Unidos. Por eso haberlos encontrado en nuestra Puna, en Salta, tiene tanta importancia. Veamos la historia de su descubrimiento por parte de María Eugenia Farías.
Un instante extraordinario
El hallazgo de los estromatolitos en la Puna salteña fue muy especial, pero no casual, según nos cuenta Farías: “Los buscamos ahí porque sabíamos que los estromatolitos modernos se dan en ambientes extremos y teníamos registros de su existencia en el desierto de Atacama, en Chile, a 800 metros sobre el nivel del mar (snm). Así que era de esperarse que pudieran estar en nuestra Puna. Haberlos encontrado a una altura de 4.000 metros los hace diferentes a otros descubrimientos, porque el ambiente que los rodea es más parecido al de la Tierra en los inicios de la vida. Cuando los estromatolitos se desarrollaron no había capa de ozono (porque ellos la crearon), por lo tanto había mucha radiación UV (ultravioleta). Tampoco había oxígeno ni qué comer porque la vida se estaba iniciando y no había materia orgánica para reciclar, entonces había que sacar la energía de la luz o “comer rocas´´ (minerales). En nuestra Puna, por la altura, hay mucha radiación UV y poca presión de oxígeno, y es un desierto árido con poco alimento disponible. Eso significa que los estromatolitos de la Puna están en condiciones más parecidas al inicio de la vida que los otros estromatolitos modernos. Por eso son ideales para estudiar el origen de la vida en la Tierra”.
Farías relata con sus propias palabras el momento justo del descubrimiento. “En febrero del año 2009 formé parte de una expedición que iba a estudiar las formas de vida en las fumarolas de los Volcanes Socompa (6.031 metros snm) y Llullaillaco (6.739 metros snm), en Salta. Si bien mi experiencia en altura es importante no soy andinista ni escaladora, y hacer esta expedición científica era todo un desafío. De hecho me preparé duro físicamente para poder hacer esta campaña. Cuando fuimos a Socompa yo me centralicé en la laguna, que era mi mayor tema de interés. Fui con el grupo hasta los 5.500 metros, pero hacer noche en esa inmensidad me dio mucho desasosiego. Además, mis compañeros eran muy expertos, habían hecho muchas cumbres como el Himalaya y el Aconcagua, y tuve miedo de sentirme mal y afectar al grupo. Así que bajé sola y pasé la noche en el campamento base de Socompa. Al día siguiente me fui sola con la camioneta a recorrer de nuevo la laguna. Esta vez tenía todo el tiempo del mundo y la recorrí entera, sacando fotos y tomado muestras. Me fui animando cada vez más y llegué a la zona más distante, donde hay que tener mucho cuidado porque hay arenas movedizas. En un momento empecé a ver unas rocas rosadas al borde de la laguna, con un aspecto brillante y pegajoso. Tenían olor a huevo podrido (ácido sulfhídrico) y barro podrido (metano). Las toqué, eran blanditas, las corte y no eran piedras. Eran capas de algas y bacterias de diferentes colores, con minerales que las mismas algas acumulan. ¡Eran estromatolitos! En ese momento me sentí tan feliz y tan emocionada que me filmé a mi misma riendo y llorando. Ese video no se lo muestro a nadie porque me da vergüenza”.
Geografía de un descubrimiento
Los estromatolitos fueron encontrados en dos lugares de la provincia de Salta. El primero fue la laguna Socompa, a los pies del volcán del mismo nombre. La laguna está ubicada a 4000 metros snm, rodeada por el desierto andino. Sus aguas presentan una alta salinidad (cinco veces la del mar) y un alto contenido de arsénico. El carbonato de calcio de la zona es de origen volcánico. El segundo lugar es llamado Ojos de Mar de Tolar Grande, ubicado junto al pueblo de Tolar Grande a 3.600 metros snm. Los “Ojos de mar” no tienen nada que ver con el mar, y se los denomina así porque son piletones profundos, que pueden alcanzar los diez metros de profundidad. Están rodeados de salares, tienen color turquesa y una salinidad varias veces superior a la del mar. Toda la superficie es como un gran arrecife de estromatolitos.
Los ambientes de estudio están ubicados en lugares remotos de la Puna Salteña, a los que solo se puede llegar en camionetas 4×4 y luego de muchas horas de viaje. No hay señal de celular y en muchos lugares tampoco caminos. Sin embargo junto a los Ojos de mar se encuentra Tolar Grande, un pueblo de 140 habitantes. Estos ambientes son muy frágiles, así que los pasos a seguir serán estudiarlos en profundidad y luego protegerlos, para que estos lugares únicos de nuestro planeta perduren en el tiempo.
Cómo se los estudia
Eugenia Farías nos cuenta un día de trabajo en la zona. “Se empieza muy temprano, generalmente con dolor de cabeza por dormir en altura. Desayuno liviano; siempre hay que comer poco porque si no el poco oxígeno que puede llevar el cuerpo se ocupa en hacer la digestión y ahí es cuando la persona se apuna. Hay que moverse despacio y tomar mucho líquido. En un día de trabajo recorremos diferentes lugares en las lagunas, tomamos muestras y medimos parámetros físicos y químicos (salinidad, pH temperatura). En el campamento se instala un “laboratorio de montaña” donde se filtran las muestras para recuperar las bacterias y se las congela en nitrógeno líquido.
Cuando hacemos experimentos junto a las lagunas, trabajamos todo el día en el lugar. Armamos un laboratorio con baterías para que funcionen los equipos de filtración, medimos la radiación solar durante todo el día y aislamos bacterias. Todo el trabajo depende del clima, ya que en la Puna tenemos días hermosos llenos de sol, y días de muchísimo frío y viento”.
Los investigadores también han buceado en estas lagunas, actividad que a 4000 metros de altura es todo un desafío. El agua es muy fría, menos de 2ºC, así que es como bucear en la Antártida. Además, al ser el agua tan salada resulta muy difícil hundirse, entonces tienen que usar mucho más lastre (pesos de plomo) para poder sumergirse, y resulta muy difícil manejarse fuera del agua. Otra dificultad es la diferencia de presión de los gases a esa altura, por lo que hay que esperar doce horas antes de realizar la primera inmersión con tanque y no conviene hacer buceos a repetición.
Estromatolitos en riesgo
Los arrecifes de estromatolitos son ambientes muy frágiles. De hecho, de los seis Ojos de mar que existen, el más cercano al pueblo de Tolar Grande ya está contaminado con materia orgánica y sus estromatolitos muertos. Esta degradación ocurrió en los dos últimos años y la causa más probable podría ser la percolación de materia orgánica a partir de los pozos ciegos de las casas del lugar. Por otro lado, los estromatolitos de laguna Socompa están ubicados en el límite con Chile, y este país planea usar aguas subterráneas de esa cuenca hídrica para utilizarla en actividades mineras.
Según la opinión de Farías hay una serie de pasos a seguir para protegerlos y conservarlos. “Se necesita primero estudiarlos y mientras tanto dictar leyes que protejan las aguas de la zona. Hay que cercarlos para impedir que las camionetas 4×4 los atraviesen y, por último, construir pasarelas para que el turismo no pise el lugar y tampoco los toque o extraiga. Contemplarlos es una experiencia fascinante”.
Pero, ¿por qué es importante conservarlos? Los estromatolitos fueron los grandes fijadores de dióxido de carbono (CO2) a lo largo de la historia evolutiva del planeta. Lo hacen en condiciones extremas de radiación UV y salinidad, y en lugares donde no crecen las plantas. Quizás puedan ayudar en el “secuestro” de CO2 de la atmósfera y contribuir de esa manera en la lucha contra el calentamiento global. Los científicos piensan que si alguna vez hubo vida en Marte, es muy probable que los estromatolitos hayan formado parte de ella. De hecho se ha propuesto la presencia de estromatolitos fósiles en Marte. Y si hay un lugar parecido a Marte en nuestro planeta, es el desierto de la Puna entre Chile y Argentina, donde la radiación UV es altísima, no hay nutrientes disponibles y los cambios de temperatura entre el día y la noche son enormes.
Además, los estromatolitos son un recurso natural y paisajístico único, que no solo tiene un interés científico, también son un recurso económico. Para la población de esos lugares aislados y de singular belleza, su difusión servirá para incrementar el interés por lo que se conoce como turismo científico y de naturaleza. La divulgación científica de lo que un estromatolito significa para la historia de nuestro planeta le da un valor agregado a un paisaje de por sí fascinante. Quien ahora llegue a ese remoto lugar no solo verá un hermoso paisaje con rocas rosadas al borde del agua, también encontrará un lugar único con “fósiles vivientes” y que son parte de nuestro origen. No debemos olvidar que nuestras células no tienen un origen simiesco, sino un origen común con las bacterias. Si los estromatolitos no hubieran existido, hoy no estaríamos leyendo este artículo.
Texto de Hilda Suárez y Alejandro Balbiano
13/07/10
Cuando biologa Maria E Farias diserto en Salta, con motivo de AAA, estuve presente y luego publique en el Semanario local Crónica del Noa con fecha 9 de Octubre, un artículo titulado LOS ESTROMATOLITOS VIVOS, DE LA PUNA SALTEÑA ¿SON DE ORIGEN TERRAQUEO O “ALLIENS”, QUIZÁ MARCIANOS? . Me apresuro a comentarselos por el anuncio de la NASA de que en un lago de aguas tóxicas de California, con alto contenido de Arsénico descubrieron estrematolitos que quizá sean de origen estraterrestre y eso es lo que digo ANTICIPADAMENTE en mi artículo en base a la disertación de FARIAS.-
El artículo completo está en la página LA COMPUTADORA COSMICA y comienza así:
Los Estromatolitos, se considera que fueron tal vez los primeros habitantes de la Tierra hacen 3500 millones de años cuando su atmósfera estaba constituida por anhídrido carbónico y, entre otros, por gases sulfúricos , aspiraban estos gases y expelían el oxígeno. Se cree que fueron los que acondicionaron la atmósfera de la Tierra para hacer factible la vida animal y vegetal actual.-
Pero la Puna salteña, “hábitat” de nuevos estrematolitos, hallados vivos recientemente por científicos del CONICET, es parte integrante de la Cordillera de los Andes que se calcula que emergió hacen solo unos 6 millones de años. Entonces, cabe preguntarse: ¿estos nuevos seres microbianoss, son terráqueos o alienígenas?
la doctora es una chanta que malgasta fondos publicos en investigaciones que en nada benefician a la comunidad solamente busca su propio enriquecimiento a travez de cuanta institucion se le cruce en el camino no teniendo verguenza en mentir ni hacer cualquier cosa para tener prensa y difusion los medios de comunicacion deberian evaluar mejor el tenor de las noticias que difunden
ANUNCIÓ LA NASA QUE ¡UNA BACTERIA REEMPLAZA AL FÓSFORO DE SU ADN POR ARSÉNICO! Y NO LO CONFIRMARON, POR FALTA DE FONDOS.
Luego, otro investigador de la Agencia , anunció haber hallado restos fósiles de bacterias en meteoritos, pero esta vez, la NASA lo desmintió.-
Pero al primer caso, la NASA no lo desmintió hasta ahora, siendo que los investigadores de la Agencia Espacial , crearon una enorme espéctativa, asegurando” que iban a hacer un anuncio extraordinario, relacionado con la exobiología” (biología extraterrestre) , cuando en realidad, es algo importante, pero sobre una bacteria bien terrenal, que vive y se reproduce en aguas con alta concentración de arsénico (veneno) en el Lago Mono de California y, que segun parece, incorpora Arsénico a su ADN reemplazando al Fósforo, todo lo cual en sí, no deja de ser digno de estudio .-
Luego del anuncio, de la bacteria en cuestión, periodistas especializados en temas científicos, le preguntaron a Wolfe Simons, si, como es de rigor, había sometido al espectrómetro de masa a la bacteria, para verificar con precisión si su ADN contenía realmente arsénico en vez de fósforo , y resultó que ¡aún no lo hicieron por falta de recursos!.-