Guerra en el Cáucaso sur (parte II)

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Reclamos sustentados en sendas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y principios emanados de la Carta de esta organización internacional, como es el concepto y práctica de la integridad territorial de las naciones, que da cuenta del derecho de un estado de preservar intacto su territorio ante la intervención de un agente externo. Como también ciertas ideas de solución presentadas en diversos formatos como fue el caso de la Declaración de Madrid al amparo del Grupo de Minsk.

Guerra en el Cáucaso sur (parte II)

Irán, como vecino de ambas naciones en conflicto, ha sido enfático en sostener que la solución radica en la negociación y ha advertido sobre el peligro de un conflicto de carácter regional: «tenemos que ser muy cuidadosos. No debemos permitir que esta guerra se convierta en una guerra regional, un conflicto que no beneficiará a nadie”. Asegurando, además, que ha trasladado a Armenia y Azerbaiyán la importancia de «proteger la seguridad de Irán». El cese al fuego es un primer e importante paso, ahora, se debe avanzar hacia una paz de definitiva que aleje las posibilidades de una guerra aún más trágica.

Tras conversar con el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliev, Rohani resaltó los vínculos históricos, religiosos y culturales que unen a ambos pueblos y que el Gobierno de Teherán está listo para ayudar a resolver la disputa entre Bakú y Ereván, en conformidad con el derecho internacional y las fronteras reconocidas de los dos países.

El presidente azerbaiyano apreció las posturas constructivas del Gobierno iraní y su énfasis en mantener la integridad territorial y resolver el conflicto de Nagorno Karabaj. Ha considerado comprensible la preocupación de Teherán por la seguridad de sus fronteras y la posible influencia de los grupos terroristas en la zona. “Consideramos la seguridad de Irán como la de Azerbaiyán y no permitiremos que este conflicto cause inseguridad alguna en los países vecinos”, ha asegurado Aliev, mientras ha señalado que el mantenimiento de las relaciones con Irán supone una “posición estratégica” para su país.

Rusia, país vecino de Azerbaiyán y con fuertes lazos con Armenia, calificó este conflicto, a través de las palabras del presidente Vladimir Putin como “una tragedia que nos afecta mucho. Porque Azerbaiyán y Armenia, Nagorno Karabaj, son todos territorios en los que viven personas que no nos son ajenas. Basta con decir que viven unos dos millones de azerbaiyanos en Rusia y más de 2 millones de armenios, según nuestros cálculos.Desde luego es una gran tragedia. Muere gente, hay pérdidas grandes en ambos lados. Esperamos que este conflicto termine en un futuro muy cercano. Pero si no se resuelve de manera definitiva, aparentemente esto está lejos, en cualquier caso instamos a un alto al fuego Y hay que hacerlo cuanto antes”. Putin, en una entrevista con el canal de televisión Rossía-1, anticipó que los canales diplomáticos estaban abiertos

Discurso y realidad

Existen, en todo tipo de conflictos líneas de información que nos presentan los medios de comunicación que suelen invisibilizar la realidad de un conflicto, que tiene en su seno, aspectos geopolíticos, de riquezas energéticas y la influencia que potencias occidentales desean ejercer sobre una zona del mundo, que sirve de bisagra entre el mundo asiático y europeo, además de vinculo de culturas y civilizaciones milenarias.

Nos dicen esos medios hegemónicos, que el conflicto en stand by se trató de una guerra entre Armenia, un país aparentemente débil contra un país rico en petróleo y gas como Azerbaiyán donde Turquía combate por ella. A la idea del victimismo, adicionado con el tema del genocidio armenio, que nada tiene que ver con el conflicto con Azerbaiyán, pero sirve para condimentar y generar una simpatía con el que se supone es el más débil.  No vaya a ser que sufra un segundo exterminio, que es una idea muy difundida por diversos analistas: “debo armarme, cuidarme y estar en extremo alerta pues me puede suceder lo de hace 100 años”.

Lo hace el sionismo, por ejemplo, para justificar sus guerras contra el mundo árabe y la ocupación de Palestina: “no queremos un segundo holocausto, debemos defendernos” y con ello justifican sus crímenes sin que el pueblo palestino haya tenido arte ni parte en esos crímenes. En modo alguno se trata de minimizar las tragedias sufridas por los pueblos pero se debe dar cuenta de los hechos prácticos y actuales para entender la búsqueda de las mejores vías de solución.

La realidad es que se trata de un conflicto entre Azerbaiyán y Armenia donde existe influencia externa, por supuesto y eso es lo que tenemos que evitar, lo que implica avanzar en un proceso, más allá del actual cese del fuego, que siempre es precario. Hay que buscar la paz donde constatamos que un régimen como el sionista ha ayudado a incrementar una rivalidad que puede ser solucionada. El papel de la entidad israelí es generar desestabilización allí donde se encuentre, ofreciendo falsa amistad. Su tarea no es colaborar, es propiciar un ambiente, que en el caso del Cáucaso sur, implica desestabilizar la frontera con Irán.

Este es un conflicto en que los medios, en general, no han tratado el tema esencia o lo soslayan de tal forma de invisibilizarlo, en el conjunto del análisis. Ese tema de fondo, más allá de la cantidad de personas de una nacionalidad, que habiten en determinado territorio, refiere a la integridad territorial y a la no adquisición de un territorio por medio de la fuerza, en este caso ocupándolo, lo que nos permite avanzar en el entendimiento del fondo del conflicto. Hablamos de un espacio perteneciente a Azerbaiyán, que en el año 1988, la región conocida como Nagorno Karabaj (con población mayoritaria de origen armenio) anunció su salida unilateral, en julio del año 1988, de la entonces República Soviética de Azerbaiyán.

Más tarde cuando Azerbaiyán anunció su independencia de la Unión Soviética, el enclave se proclama independiente y pasó a llamarse República de Nagorno Karabaj (Arsaj para los armenios) ni siquiera Armenia reconoce esta administración oficialmente por temor a la reacción internacional a pesar de apoyarla económica y militarmente. Después de una guerra entre Armenia y Azerbaiyán entre 1991 y 1994, Bakú perdió el control de la región junto a siete distritos ocupados por fuerzas armenias hasta el día de hoy, que constituyen el 20 por ciento del territorio azerbaiyano. Este punto ha estado invisibilizado en los artículos, despachos, análisis que mayoritariamente inclinándose más bien en ciertas aristas interesadas y alejadas del fondo del contencioso.

A excepción de las opiniones de Rusia e Irán, conscientes que una guerra en la región no es un hecho positivo, ni para los países involucrados en el actual conflicto ni para aquellos que son vecinos y con intereses lógicos, destinados a concretar una zona de paz que permita desarrollar el Cáucaso y su condición de bisagra entre Asia y Europa.

Esta situación ha generado resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones. Cada una de ellas complementaria y afirmativa de la anterior. La resolución 822, por ejemplo, fue adoptada tras la ocupación de la ciudad azerbaiyana de Karavachar. Según la resolución, la estabilidad y la seguridad de la región estaban amenazadas y se exigió a las fuerzas armenias poner fin a su ocupación. La siguiente resolución, N.º 853, fue adoptada tras la ocupación de la ciudad de Agdam. Se llama a las partes a un alto al fuego y exige la retirada de las fuerzas armenias de todas las regiones ocupadas, incluida Agdam. En la resolución 874 adoptada tras la ocupación de las ciudades de Fuzuli, Cebrail y Qubadli se reitera el llamado al alto al fuego y exige un acuerdo de paz entre las partes. Y, finalmente, la resolución 884 adoptada tras la ocupación de la ciudad de Zengilan.

Existe otro punto, que nos permite visualizar el por qué del interés extrarregional:  el Cáucaso, y sobre todo el Cáucaso sur y los países adyacentes al Mar Caspio es una zona rica en hidrocarburos. Un territorio estratégico desde el punto de vista económico, político y de relaciones entre continentes. Un aspecto geopolítico que se debe considerar en todo análisis. Zona rica en petróleo, en gas pero además con gasoductos y oleoductos, actuales y otros en Proyecto que vinculan las riquezas energéticas del Cáucaso con Asia occidental y Europa.

Existe aquí, entonces, intereses hegemónicos, vinculaciones y nexos que generan lógicas y esperadas inquietudes. El mismo trazado del Oleoducto BTC que nace en Bakú, llega a Tiflis en Georgia y termina en el Puerto turco de Ceyhan (el segundo oleoducto más largo del mundo) genera competencias y lógicas inquietudes con otros proyectos que vinculan a otros países de la región. Sobre todo a las potencias europeas sin gas y sin petróleo pero que poseen transnacionales con intereses globales como Gran Bretaña, Francia, Holanda, Italia, con BP/Total/Shell/ ENI/ y estadounidenses Chevron y Conoco.

El Cáucaso alberga el corredor energético que permite el acceso a nuevos recursos de hidrocarburos en el Mar Caspio, que se ha convertido en una de las prioridades de la emergente política energética exterior de la Unión Europea. El Corredor Sur actúa como catalizador de la política energética europea, es decir, que la influye y modela en la misma medida en que es uno de sus principales objetivos: el Oleoducto de Bakú a Supsa en Georgia. El gasoducto Bakú – Tiflis – Erzurum (el Gasoducto del Cáucaso del Sur de 1000 kilómetros de Longitud) tiene una importancia fundamental a la hora de las disputas para proveer gas a Europa y que enfrentan a potencias como Rusia, Alemania, Estados Unidos y los nuevos mercados, que se han abierto en el Levante mediterráneo.

En el aspecto político, qué duda cabe que el lobby armenio, de mucha fuerza en Francia, ejerce presión para multiplicar las opiniones de apoyo a Armenia y condenatorias contra todo aquel, que como Turquía, apoya a Azerbaiyán. “Francia está preocupada por los mensajes bélicos de Turquía, que está a favor de la reconquista de Nagorno-Karabaj por parte de Azerbaiyán. Y no lo aceptaremos” sostuvo el presidente francés Emmanuel Macron, sin mencionar que la región, que está en el centro de la disputa, es reconocida internacionalmente como parte de Azerbaiyán. Macron dijo que se debe respetar la soberanía y el pueblo de Armenia, al hacer un llamado en contra de cualquier declaración que aumente las tensiones. La solidaridad de Macron con Armenia sin mostrar ninguna preocupación por las tierras azerbaiyanas ocupadas significa apoyar la ocupación y ello debe ser criticado viniendo de un dirigente político con asiento en el seno del consejo de seguridad de la ONU. Su mensaje debería ser el llamado a la paz, a negociar no a incrementar el enfrentamiento. No hubo llamados a la paz y el término del conflicto, sino que apoyo político desde el país europeo, que tiene un número superior al millón de inmigrantes de origen armenio. Eso reafirma la postura iraní que la paz de la región debe ser buscada y llevada a cabo por quienes son parte de la región.

Es curioso que se haya centrado la acción en Turquía en este enfrentamiento y se haya callado o simplemente pase por alto la participación de Ankara en la agresión a Siria (ocupando la parte noroccidental de su territorio) e incluso en Libia, donde apoya al Gobierno de Fayez al Sarraj, opositor a los intereses de Francia, que da soporte al mariscal Jalifa Hafter, tal como lo hace la transnacional energética Total. Vislumbro que el interés occidental por presionar a Rusia y a Irán y poner como excusa la intervención turca, va destinado a correr en apoyo de Armenia desde Francia y el soporte militar, logístico y político de la OTAN, que parece explicar parte de esta conducta. Esto es pura y simple hipocresía. Si se quiere criticar a Erdogan que se haga por el conjunto y no en partes que muestran este doble rasero tan propio de occidente.

Lo paradójico es que Turquía es miembro también de la OTAN, cuestión que se ha silenciado pues perfectamente se le podría exigir que minimice su participación o simplemente se abstenga pero desde Bruselas no se escucha ni se lee declaración alguna. Esto revela un entrecruzamiento de intereses de las potencias occidentales en materias energéticas, hegemónicas y ver donde ponen sus fichas en función de sus intereses, aunque ello signifique que otros pueblos se maten entre sí.

El camino de solución debe ser, indudablemente, político. Y, para ello la participación de los organismos internacionales como la ONU debe ser decisiva. No puede estar como espectador. Exigir el respeto a los principios y propósitos que animan la carta de las Naciones Unidas es el primer paso, luego alzar su voz con fuerza y en ello convocar al Consejo de Seguridad y a posibles mediadores, junto a aquellos grupos y países que ya han tenido participación en la búsqueda de caminos de solución a este contencioso. De esta manera, en forma global, establecer las bases para el fin definitivo de las hostilidades y la búsqueda de los caminos de entendimiento y resolución del conflicto que ya se extiende por 100 años. Esto, por el bien, sobre todo de los millones de seres humanos que anhelan vivir sin la sombra de guerras que destruyen lo construido y los sueños por construir.

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