El Dandy político y la flauta del encantador. Por

Fuente: https://forocontralaguerra.org/ Rafael Cruz/https://lapupilainsomne.wordpress.com/                                                                      

La poesía en ocasiones tiene más lucidez que los textos académicos, aunque como poesía al fin cada cuál percibe emociones diferentes en los versos. Buena Fe canta en uno de sus temas: “temo más al flautista de Hamelin que al lobo que aúlla a la luna”. Qué bien, yo también le temo y no tengo vocación de roedor. El encantador te roba el albedrío porque te llena de euforia y endorfinas; el lobo, en cambio, te espanta o te alerta. El Dandy político se parece mucho al músico de marras, aunque sople mal y desafine.

Este no es un personaje nuevo, aunque nuevas son las diplomacias en las que se articulan sus muchas seducciones, y va, entusiasta, cosechando adhesiones. Los sujetos emancipados son los que están en mejores condiciones para evadir la nube de anzuelos que rodean al Dandy, pero hasta esos pueden, por un tiempo, caer bajo el embrujo de su atracción, pero no serán engañados por siempre y recuperaran el albedrío antes del precipicio. También el Dandy político es un sujeto emancipado, de una clase especial, esos que desde su autonomía y su discurso aparentemente redentor niegan por esencia de su credo la emancipación de los demás y los conducen a un mundo donde la única libertad es la del mercado.

Este Dandy es un liberal, un tipo agradable, viste con elegancia, con una dosis chic de informalidad. Genera simpatía por su verbo fácil y sus palabras fascinantes, tiene un nivel de vida por encima de la media y se muestra como un triunfador, como un modelo a seguir, un joven emprendedor que se ha ido haciendo a sí mismo. El personaje del que hablamos persigue un interés político, quiere que su parte del poder no sea la de cualquier cubano, él necesita un pedazo lo suficientemente grande como para alzarlo a la altura de su autoestima. Niega el Estado que  niega su filosofía. En una sociedad que defiende la emancipación, la hondura de los sujetos, la creación real, el ser espiritual que desde la emancipación trabaja arduamente por la emancipación de los demás, el Dandy político es una mala caricatura, una distorsión del sujeto político revolucionario.

Por estos días vive sus 15 minutos de fama un cultivador del dandynismo político. Él, como los que le han antecedido son meros mensajeros de la ideología del liberalismo, que busca su espacio como sustitución a la construcción del socialista que ha prevalecido en Cuba, por voluntad popular desde el triunfo de la Revolución. El Dandy político juega un papel en esa amplia estrategia multifactorial que procura remplazar el proyecto socialista y revolucionario, por otro socialdemócrata liberal. ¿Lo hace conscientemente? ¿Sabe el alcance que puede tener su conducta y las consecuencias posibles de sus actos? Detrás de esa máscara, de ese oficio, de esa conducta irresponsable hay un ser humano.

Es posible que sea ese ser humano el que predisponga a su favor a personalidades del arte, a figuras públicas. También yo pienso en el ser humano, ese que se formó con los valores de la revolución, en una familia de mártires o héroes cotidianos, que actuó públicamente en el espacio docente y laboral establecido por la Revolución, es ese ser humano el que nos debe, a todos, llamar la atención. Pobre hombre que ha decidido meterse en la piel absurda de un Dandy político. Por eso prefiero verter luz sobre el personaje más que sobre la persona. Quién sabe si mi opinión ayuda al hombre tanto como condena al personaje.

El Dandy político vive en la falsa izquierda, articula un discurso en el cuál asegura la necesidad de rescatar la revolución de los revolucionarios. Como todo político habla del pueblo, dice defender al pueblo, a los humildes aunque lo humilde le sea ajeno, en lo material, en lo conductual. La humildad está en la antípoda del dandynismo político.

Con astucia el dandynismo político utiliza problemas reales en la sociedad y la economía cubana, utiliza la crítica para componer su discurso, pero se hace reaccionario cuando la propuestas, soluciones o metodologías para resolver los problemas niegan a la militancia histórica, no son revolucionarios radicales y tienden sostenidamente al liberalismo.

En otros lugares, en otros contextos, este personaje ha tenido éxito en su propósito de liderar el desmontaje de un gobierno “hostil” a Washington. En las llamadas “Revoluciones de Colores” fueron ampliamente utilizados. Es el caso de Vladislav Kaskiv, un joven ucraniano de 32 años o el serbio Ivan Markovic de 33 años y líder de OTPOR o el Giga Bokeria de 34 años y líder del movimiento estudiantil georgiano KMARA. El papel de estos jóvenes, sus relaciones con EEUU y los efectos que causaron en esos países, han sido ampliamente conocidos, recomiendo ver el documental “EEUU a la conquista del Este”.  El Dandynismo político contribuye a la desmovilización funcional de la sociedad, un estado estéril en la que los sujetos actúan con frivolidad, tangencialmente al centro de los problemas. El Dandy defiende desde las ramas, desde la imagen y no desde el concepto.

Insisto en lo complejo del problema, en particular en la manera que tiene este personaje de mimetizarse entre los de avanzada, y en eso resulta tan necesario el debate y la denuncia. Los que defienden al Dandy aborrecen esa denuncia pública en el debate, conocen de su eficacia. No tiene otra manera la revolución de defenderse en estos ámbitos, otros países, liberales y democráticos, utilizan las balas y las porras.

No debemos renunciar al debate porque este nos enriquece, sobre todo cuando se distancia de la “chancletería”, el irrespeto y la “cultura del improperio”. Claro con el liberalismo y desde la Revolución no puede haber, por razones obvias, un diálogo entre iguales. Pero el debate es importante porque ilumina la corporeidad real del Dandy político, visibilizando sus intenciones, motivaciones y objetivos. Desvestir al Dandy político es ayudarlo a que siga su tránsito por los acontecimientos en los que está su autodestrucción.

En ese tránsito es donde este personaje se va descarnando, se va agrietando su máscara y va apareciendo, poco a poco el verdadero sujeto y su partido. No solo la revelación pública empuja al Dandy hacia la derecha, la derecha lo llama desesperadamente, los medios de prensa que representan la más rabiosa y ortodoxa contrarrevolución comienzan a tomarlo en cuenta, a defenderlo, a citarlo. Sus personajes aberrantes los mencionan y lo apoyan, con premios y con aplausos. También el Dandy se va polarizando en la medida que los “guiones le pidan más escenas de desnudos” obligándolo a radicalizar su discurso, llegado a un punto de no retorno, el Dandy, incapaz de satisfacer sus necesidades y deseos por otra vía: no es un profesor brillante, no es un científico genial, ni un escritor talentoso, ni un agricultor tenaz, accederá a ese discurso más infame para mantener su trabajo y su paga. Por eso no me preocupa en lo más mínimo que personalidades de la revolución lo apoyen en una determinada etapa, con el tiempo, y con los hechos, le irán retirando su apoyo, lo irán ignorando, cuando menos incómodos por haber sido burlados.

Por ese ciclo de degradación va circulando el Dandy, hay ejemplos en esta ya extensa historia de la lucha de ideas, por ejemplo recuerdan a un “valiente” y mediatizado estudiante de informática que terminó siendo un contrarrevolucionario gris: o una “chica lista”, filóloga ella, que de bloguera cool, ya va por ser una empresaria mediática de la ultraderecha. Dos de los más conocidos, pero hay otros. Así de la relevancia por la confusión irá al agotamiento por la objetivación de derecha de su discurso y de su conducta. De no rectificar el ser humano que hay en él, este Dandy termina en la frustración del obseso que persigue una y otra vez su propia cola.

La emancipación de los hombres y mujeres está en el núcleo duro de la lucha por defender el poder en manos de la revolución, como fin, y también como medio. Personas emancipadas, actores políticos emancipadores. El círculo de la vida de la etapa de transición social. Sujetos inmunes al encantamiento y los anzuelos.  El flautista ciego por el dandynismo, envuelto su nube de propia fascinación, cae al vacío. Desde la altura, los humildes que debieron ser despeñados continúan con su lucha por el consenso participativo y por el trabajo creador. Desde el Norte, se escucha claramente el desespero de un lobo que le aúlla a la luna.

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