EL MITO DE LA INFORMACIÓN COMO CONTRAPODER

Fuente: Umoya

El periodismo, la información, ya no es lo que era, si alguna vez fue lo que los románticos pretendieron que era: un contrapoder, o al menos, un contrapeso a los poderes. La evolución de los medios es una de las claves del debilitamiento de los sistemas democráticos. Frente a la percepción aparente de que vivimos asistidos del mayor volumen de información en la historia de la humanidad, lo cierto es que nunca hemos estado más desinformados. O, para decirlo de otra manera, más confundidos y desorientados en un mar de presunta información. Vivimos literalmente ahogados en un magma omnipresente y crecientemente tóxico. Pero no informados. Afortunadamente, no faltan los pensadores e investigadores críticos que han denunciado y clarificado esta situación.
José Antonio Sacaluga
DOSSIER CENTRAL | UMOYA 67 | ABRIL 2012

Los filtros que condicionan la libertad
CHOMSKY y HERMAN identificaron, ya hace tiempo, cinco grandes filtros en el sistema de emisión de mensajes informativos:
El tamaño importa: las grandes empresas mediáticas tienen conexiones muy determinantes con los grandes de la economía y con el gobierno.
1.- La información es un negocio expresado en el predominio publicitario.
2.- Las noticias tienen que vender y los patrocinadores no pueden ser perjudicados, en caso de conflicto de intereses. (Esto incluye también los Telediarios, por supuesto).
3.- El suministro de noticias a los medios está cada día más concentrado: las grandes agencias, las grandes televisiones (el denominado factor de arrastre) o los gabinetes de prensa e imagen (por afinidad burocrática).
4.- La presión directa de los poderosos sobre los díscolos: complejo sistema de control y uniformización de la práctica informativa, desde la presión directa a los contratos basura o el apartamiento profesional.
5.- En el plano ideológico, el anticomunismo se ha transformado en la inclinación patriótica (la reelaboración del viejo mensaje tras el 11 de septiembre): los nuevos enemigos son el integrismo musulmán, los estados fallidos, los “viejos liberales”; o, desde la trinchera doméstica, el enemigo interior.
La concentración, factor decisivo
El primero de los filtros es el más decisivo, porque determina y hace posible los otros cuatro. La concentración mediática es uno de los fenómenos más relevantes del panorama mediático internacional actual.
En realidad, la concentración mediática está vinculada a la concentración económica estadounidense y su expansión exterior: un corolario inevitable de la globalización. Éstos serían los rasgos básicos de la concentración mediática:
- Los dueños de los medios también son empresas, por supuesto, y su objetivo es alcanzar la hegemonía en la sociedad de la información, lo que obliga a fusiones. La noción de servicio público de los medios, su independencia informativa y la pluralidad mediática se diluyen o desaparecen. Este proceso ha sido tan intenso que puede decirse, sin margen de error, que el sector de la comunicación es uno de los más concentrados de la economía norteamericana. Estados Unidos se ha encontrado en posición de ventaja para aprovechar las medidas desreguladoras en Europa, Latinoamérica o Asia, a lo largo de las tres últimas décadas.
- La idea de los medios como contrapeso del poder se ha convertido en una leyenda del liberalismo clásico (Lippman, Pulitzer, etc). La Escuela Crítica (Chomsky, Schiller) ha dejado claro que los medios son una extensión del poder, expresión de intereses corporativos, financieros, industriales e institucionales. Bagdikian, Dreir y Weinberg acuñaron el término “directorios interconectados” para señalar el conglomerado de intereses (militares, energéticos, bancarios, editoriales, aseguradores, financieros, etc.).
- Los grupos de control de las grandes empresas son los mismos que en las empresas mediáticas.
- La concentración implica centralización del proceso de toma de decisiones y la desaparición de las voces locales.
- Los grandes patronos de los medios suelen tener ideas conservadoras o incluso extremistas (John Mallone, Murdoch, etc.). Contratan exclusivamente a políticos, expertos o comentaristas sesgados a la derecha.
En Europa, el proceso de concentración comenzó después que en Estados Unidos, a mitad de los cincuenta en prensa y radio y hacia los setenta en televisión. En los setenta, la crisis energética y las dificultades de la reconversión tecnológica precipitaron la concentración mediática. Unos pocos editores poderosos se hicieron con las primeras cadenas de televisión privatizadas. En los noventa, se aceleró el proceso, con la formación de los grandes grupos mediáticos europeos, no tan poderosos como los de EE.UU., pero ya muy fuertes. Con el cambio de siglo, se produce la “invasión tranquila” de las compañías norteamericanas en las parrillas de programación y la consolidación del estilo USA en el modelo informativo.
Las características de la concentración mediática europea son las siguientes:
- Liderazgo del sector editorial en el inicio del proceso de concentración.
- Tardía aparición de industriales y bancarios, pero luego decisiva.
- Liberalización salvaje de los grupos audiovisuales públicos.
- Apoyo político muy notable y decisivo desde las filas conservadoras (Thatcher, Kohl) y la complicidad neoliberal de los socialistas (sobre todo de Tony Blair, pero también de Mitterrand, Craxi o González).
- Una vez iniciado, el proceso de concentración fue muy rápido.
- El gran proceso se dio en la televisión: la privatización se aireó como una conquista de la libertad de expresión, pero a la postre se ha convertido en la prueba de que los grandes grupos terminan ejerciendo la hegemonía
- Timidez de la Unión Europea en contener la concentración, a pesar de las advertencias del Consejo de Europa y del Parlamento europeo.
- El gran fiasco de la Directiva de la Televisión sin fronteras: los noventa verán el triunfo de la tendencia oligopólica con la complicidad política.
Formación de un liderazgo fuerte en cada país y alianzas paneuropeas.
El sociólogo Manuel Castells, en su obra magna Comunicación y Poder, ha analizado también el fenómeno de la concentración. Sus conclusiones son similares a las alcanzadas por otros autores que han analizado previamente el fenómeno. Como ellos, Castells identifica el ánimo de lucro como el motor básico del funcionamiento de los medios. La interconexión multimedia determina e impulsa alianzas estratégicas que el investigador Peter Steven, en su obra Dominatrix denomina ‘diagonales’: es decir, empresas de distintos sectores económicos, los más dinámicos del capitalismo global, se agregan, por compra, absorción o fusión.
La revolución digital – resalta Castells- ha favorecido esa globalización al integrar mejor y más rápido productos y procesos productivos en distintas plataformas según contenidos y segmentos de audiencia.

Los grandes conglomerados mediáticos pueden ofrecer diversos productos en una plataforma. O un solo producto en distintas plataformas. O pueden formar nuevos productos combinando partes digitales de otros productos. La segmentación de las audiencias se produce por el movimiento de productos entre esas plataformas, para maximizar los ingresos por publicidad. Se producen economías de sinergia óptimas, en función del ritmo cambiante del mercado, para asegurarse el éxito comercial.
Otro agudo observador del panorama mediático y sus resortes de poder, Ignacio Ramonet, ha estudiado cómo los medios se han integrado en las dinámicas empresariales. Los medios entran en Bolsa como una empresa más, vinculados a la burbuja de las puntocom, de ahí que sea tan cuestionable su independencia a la hora de analizar el fenómeno de la net economía.
El resultado del proceso de concentración no es sólo económico. Determina también los contenidos. En esto coinciden Castells, Ramonet y la escuela crítica norteamericana. Ramonet señala algunas consecuencias de este compromiso intrínseco de los medios con la libertad y expansión de la economía de mercado:
- se presentan a sí mismos como empresas mercantiles.
- transmiten los valores del mercado.
- dedican cada vez menos espacio o tiempo a la política (“la política de la despolitización”, según Pierre Bordieu) y, en especial, a los asuntos internacionales porque “venden” poco.
- presentan la información con criterios cada vez más cercanos a la ficción o la distracción.
- mezclan cada vez más información y publicidad, lo que transforma la estructura y apariencia de los productos informativos, privilegia los intereses de los sectores sociales con más capacidad adquisitiva y banaliza contenidos. – utilizan cada vez los sondeos o encuestas con criterios próximos al marketing: convierten los temas que selecciona como dominantes en obligada referencia y respuesta para los políticos.
- practican el culto del individuo en detrimento de los asuntos colectivos o, menos aún, los movimientos sociales.
- mantienen lazos estratégicos con pensadores y ensayistas neoliberales o de marcada tendencia conservadora.
- son activos, y hasta vehementes, en la descalificación de movimientos y tendencias críticas con la globalización.
Lógica empresarial y mensajes acordes
Como consecuencia del reforzamiento de la dimensión lucrativa de los medios, en detrimento de su función ética y social, la tendencia dominante de los contenidos ha ido evolucionando claramente. Los públicos-objetivos ya no son contemplados desde los medios como ciudadanos sino como consumidores. La conquista de la audiencia, lectores, radioescuchas o televidentes se convierte en una obsesión que anula cualquier otra consideración (calidad, veracidad, profundidad, etc).
El modelo informativo experimenta una transformación decidida desde primeros de los años noventa, hasta presentar, al final de la década, un perfil prácticamente único caracterizado por los siguientes rasgos:

- Reducción progresiva de tiempo dedicado a las noticias mundiales. Esta tendencia decreciente ha sido acreditada en distintos estudios realizados en Estados Unidos.
- Atención limitada a los acontecimientos más llamativos y espectaculares, siempre y cuando comporten episodios violentos (guerras, revueltas, atentados) y se disponga de imágenes.
- Presencia desproporcionada con respecto a su trascendencia de las catástrofes naturales (pero sólo las espectaculares: los desastres tímidos o silenciosos no interesan).
- Más atención a los acontecimientos o fenómenos susceptibles de tener una ‘aparente’ mayor repercusión, paralelismo o polémica inducida en España.
- Ausencia cada vez más acusada de informes o contextualizaciones de crisis, guerras o problemas.
En lo que respecta a los aspectos formales, se observa también una tendencia bastante coincidente. No hay prácticamente ningún medio audiovisual que no presente las siguientes características:
- Obsesión por el directo, aunque no siempre esté justificado. Esto responde a la pretensión de aparentar la credibilidad dañada por el estilo y por prácticas muy cuestionables. Estar aparentemente en el lugar de la ‘noticia’ otorga un plus de autenticidad, aunque en la mayoría de las ocasiones, el informador que sale en cámara, precisamente por estar allí delante, se encuentra en mala situación para estar al corriente de lo que ocurre.
- Espectacularización de la información. De todo hay que hacer un espectáculo. La exageración no es inocente: deforma la realidad. Pero eso cada vez importa menos.
- Reducción del tiempo dedicado a las noticias. Cada vez se asemejan más a piezas publicitarias: frases cortas, texto puramente acompañante o ’muletilla’ a las imágenes, debido a la engañosa pretensión de que éstas valen más que las palabras.
- Reiteraciones abusivas de los mismos mensajes: en titulares, en entradillas de las piezas, en sumarios de recapitulación, en recordatorios de salida. Lo que se asemeja también al lenguaje publicitario. O al de la propaganda.
- Predominancia de las ‘declaraciones’ sobre los análisis o textos más elaboradores. Interesa lo que dicen los personajes, no la exposición razonada y equilibrada de los hechos, sus causas y consecuencias.
- Y, finalmente, en los canales de noticias en continuo o en tertulias de radio-televisión, el abuso de las opiniones de los expertos a sueldo. Este género –o subgénero- de opinión ha ido desplazando y comiendo terreno y tiempo a las noticias elaboradas. No es inocente esta tendencia: permite poner en antena programas con poca gente fija y, al mismo tiempo, asegurar la transmisión de opiniones y valores acordes con los intereses de las empresas.
Conclusión: nada de lo que ocurre en los medios es espontáneo, ni responde al ejercicio de la libertad de expresión, o al esfuerzo por contrarrestar a los poderes dominantes. Todo lo contrario, los medios se han convertido, por lo general, en correas de transmisión de los grandes intereses, ya sea a nivel global, nacional o local. Los contenidos y los estilos profesionales no son independientes de estos objetivos estratégicos, sino que están a su servicio, lo que provoca un deterioro de la calidad y una credibilidad declinante de la profesión.

LA INFORMACIÓN DE ÁFRICA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Los medios de comunicación son objeto de críticas por la cobertura que realizan de asuntos relativos a África. Desde Casa África denuncian que los estereotipos siguen dominando la información sobre el continente.Irene Sacaluga
Los responsables de comunicación del organismo, Joan Tusell Prats y Ángeles Jurado Quintana, sostienen que “cuando los medios occidentales informan sobre África tienden a alimentar una triste tendencia a situar bajo los focos al expatriado de una ONG o al turista atrapado por una revolución, o al diplomático europeo”.
Para contrarrestar ese tipo de representaciones, Casa África publicó una guía titulada Si hablas de nosotros… cómo informar sobre África, en la que periodistas africanos valoran la representación que los medios hacen de su continente y ofrecen alternativas de actuación. Pero ¿cuál es la verdadera imagen que los medios españoles ofrecen sobre África?
África en los medios españoles
Para responder objetivamente a la pregunta de cómo se representa África Subsahariana en los medios españoles, el Centro de Recursos Africanistas (CREA) realizó durante el año 2010 un análisis de las noticias aparecidas en prensa sobre los países africanos. El estudio cubría cinco periódicos, en sus ediciones digital e impresa: El Correo Español-El Pueblo Vasco, El Mundo, El País, La Vanguardia y Público. En total, publicaron 813 noticias sobre África, una media de 163 noticias por medio analizado, es decir, tres noticias a la semana.
Hay que tener en cuenta, que las noticias no se distribuyen de forma homogénea entre las cinco publicaciones ni a lo largo del año. Por otra parte, no se trata de noticias distintas. De hecho, como explican los investigadores, todos los medios suelen hacerse eco de las mismas noticias.
Si atendemos a la temática, las noticias más numerosas son sobre secuestros de occidentales en países africanos. Suponen 217. La segunda categoría con más noticias es el Sáhara Occidental, con 141. No es de extrañar que ambas tengan que ver con españoles o con un territorio históricamente ligado a España. Las noticias relacionadas con violencia son 134 y, lo que podría sorprender a priori, las de temática política 173. Los autores del estudio matizan que la página web de El Mundo tiene una sección de Solidaridad, que publica habitualmente informaciones sobre África. Este es también el digital que más noticias políticas incluye al año sobre África, 71, seguido de El País con 40 y La Vanguardia con 37. Es decir, que descontando las 71 noticias de El Mundo, el número de informaciones políticas desciende a 102.
La cuantía de la información parece escasa teniendo en cuenta que hablamos de 48 países (los 53 que existían en África en 2010 menos los 5 países del Magreb, no incluidos en el estudio). Pero además, señalan los investigadores, la mayor parte de las noticias las concentra un grupo de 8 países: Sudáfrica (no hay que olvidar que se trató del año del Mundial de Fútbol y eso generó mayor atención sobre el país y su historia), Sáhara Occidental, Malí, Somalia, Mauritania, RD Congo, Costa de Marfil y Nigeria. Al mes, una media de 20 países no eran noticia en ninguno de los medios. Al final del año cada medio dejó sin cubrir entre 14 y 26 países.
A nadie escapa que los países objeto de la concentración lo son, excepto en el caso de Sudáfrica y Sáhara, por temáticas relacionadas o bien con el conflicto o con el secuestro de occidentales, sobre todo en el Sahel (fue el año que AQMI secuestró a tres cooperantes catalanes) y Somalia. Esta es, precisamente, una de las denuncias realizadas por Casa África en relación con la información que los medios realizan sobre el continente. En la guía Si hablas de nosotros… , el periodista sudafricano redactor jefe del periódico The Star, Moshoeshoe Monare recuerda a los medios que “hay 54 países en África y no sólo los 10 azotados por conflictos”.
Ese excesivo enfoque en el conflicto ofrece una imagen de África que refuerza las concepciones de ayuda y subdesarrollo y en la que las poblaciones aparecen retratadas como víctimas de una determinada situación (un conflicto, una hambruna…). Por supuesto, existen graves problemáticas en el continente y los medios no deben ignorarlas ni dulcificarlas. Como plantea Monare “sería hacerles un flaco favor a los africanos si maquilláramos los males y conflictos del continente. La crítica al mal gobierno y a la corrupción no puede ni debe ser monopolio de los periodistas africanos. Tampoco debemos permitir que los déspotas africanos oculten y justifiquen sus actos y su brutalidad detrás de la parcialidad de los medios de comunicación occidentales”.
El problema es la ausencia de otras narrativas que completen la imagen del continente. Los autores del informe de CREA señalan que “es significativo el papel marginal de las noticias culturales y económicas de los países africanos”. Sorprende especialmente la escasez de estas últimas. No en vano, África es una región rica en todo tipo de recursos y que cuenta con importantes zonas petroleras. Pero es que además, pese a que África suele asociarse a pobreza, las economías africanas están en expansión. Según explica Monare, “(en 2011) el crecimiento del PIB en Angola se estimaba en un 7%; el de Etiopía, en un 10%; el de Tanzania, en un 7,1%; el de Kenia, en un 5,4%; el de Nigeria, en un 5,8%”, frente a la crisis del mundo desarrollado. Sin embrago, no son estos retratos los que nos llegan desde los medios generalistas.
Por otra parte, la escasez de noticias culturales refleja otro de los males de la información sobre África: la ausencia de retratos positivos. Este tipo de informaciones permite conocer otra cara de la realidad africana y presentar a los africanos no ya como víctimas, sino como creadores. Sin embargo, lamentan los investigadores del Centro de Recursos Africanistas, este tipo de noticias no sólo son escasas sino que cuando aparecen ocupan un espacio reducido, salvo excepciones.
Otra característica principal de la información sobre los países africanos es la irregularidad. El estudio de medios concluye que “el seguimiento de las noticias, salvo excepciones puntuales, es prácticamente inexistente, de modo que la información impide situar las noticias en el contexto general de los países”. Como ejemplo, los autores del estudio señalan que, aunque se informa de algunos procesos electorales, esa noticia “no se completa semanas después con la formación de los nuevos gobiernos, cambios en la orientación de políticas u otras informaciones relevantes”. Los autores del estudio señalan que el caso de Níger (noticioso durante el periodo de análisis por un golpe de estado a principios de 2010) es el paradigma de cómo “noticias que aparecen de pronto con un gran despliegue informativo, desaparecen de golpe, sin que el tema en cuestión se haya cerrado en realidad.”
De hecho, podríamos decir que en la mayor parte de los casos los medios tienen una “política reactiva” hacia la información de África. Es decir, reaccionan a determinados acontecimientos puntuales a los que dedican una cobertura limitada.
Causas de la imagen negativa de África en los medios
Tanto los investigadores del Centro de Recursos Africanistas como los periodistas participantes en el cuaderno de comunicación elaborado por Casa África insisten en que las deficiencias de la información sobre el continente tienen que ver con la escasez de corresponsales en África. Señalan que, en muchas ocasiones, las noticias sobre un país concreto están firmadas desde otro que se encuentra a una distancia igual o mayor que España. Por ejemplo, el corresponsal de la Agencia Efe cubre la información sobre el continente desde su oficina en Nairobi. Otras agencias internacionales o grandes cadenas mundiales, como BBC o CNN, tienen una red de corresponsales más amplia aunque, con todo, menor que en otras regiones como Oriente Medio.
Cabe destacar que tener un corresponsal en un país es costoso. De hecho, se trata de una figura que ha ido desapareciendo, ya que un corresponsal es un trabajador de la empresa, al que se le paga su residencia en el país de destino, donde también se mantiene una oficina. Por eso, cada vez es más frecuente la figura del colaborador al que se paga “por pieza” y al que se encargan noticias concretas ante acontecimientos concretos. Este modo de operar hace más difícil realizar el seguimiento de determinados temas o ampliar la información sobre determinados aspectos menos conocidos de un país.
Ante la ausencia de corresponsales, los medios dependen de las noticias generadas por las agencias de información. Más aún en el caso de la televisiones, que necesitan de imágenes para poder contar noticias. Aún teniendo en cuenta que muchas agencias emplean a periodistas locales, siguen rigiéndose por unos criterios de selección de información impuestos desde Nueva York, Londres o París. De este modo, se cubrirán las noticias que interesen en esos países y los temas se abordarán desde ese enfoque.
Así, el análisis de medios refleja que “la importancia relativa de las noticias depende demasiado de la implicación de actores europeos o norteamericanos en las mismas”. De hecho, en el periodo analizado por el CREA, no sólo destacan las noticias de secuestros a occidentales, sino que uno de los hechos con mayor cobertura fue la declaración en el TPI de Naomi Campbell en relación a unos diamantes de sangre que le habría regalado Charles Taylor. Esto se explica
también por el valor comercial de la información.
Las noticias se conciben como un producto, y prima
lo que puede generar más audiencia lo cual también
explica la excesiva atención a temas relacionados con
conflictos que generan mayor interés que los asuntos
positivos.
Otra de las explicaciones sobre la imagen que se ofrece
de África en los medios es la selección de fuentes
de información. Los periodistas suelen consultar con
las ONG y los cooperantes ya que, no en vano, conocen
la situación sobre el terreno y la realidad de
los países. Sin embargo, quizá falte en los medios la
costumbre de consultar con africanistas y académicos,
que permitirían completar aún más información
sobre el país, permitiendo contextualizarla. De hecho,
el recurso a este tipo de expertos y analistas es
habitual en la información sobre otras temáticas internacionales
como, por ejemplo, Oriente Medio o
América Latina, por no hablar de Europa o Estados
Unidos.
Además, hay que tener en cuenta que las noticias
son objeto de un proceso de selección que obedece
a múltiples variables y que está determinada por lo
que se considera de interés en el país en el que se
publica la información. En este sentido, la escasez de
noticias sobre África en los medios españoles refleja
la importancia real que la región tiene para España.
Los tres ejes fundamentales de la política exterior
española son Europa, Latinoamérica y las relaciones
con Estados Unidos. Tanto la región mediterránea
como África Subsahariana se consideran ámbitos relevantes
aunque secundarios pese a que, por ejemplo,
España cuente con un Plan África específico para la
región subsahariana que define prioridades en política
exterior y cooperación.
De este modo, no es de extrañar que la mayor parte
de las noticias internacionales de los medios españoles
tengan que ver con alguna de las tres prioridades
exteriores de España, es decir, los países europeos,
América Latina o Estados Unidos. También es en
estos lugares donde se encuentra la mayor parte de
los corresponsales de medios españoles. Por otra
parte, existe todo tipo de sucesos internacionales que
se convierten en noticia y que también ‘compiten’
por un espacio limitado en las secciones y bloques
de internacional de los medios de comunicación
españoles.
Por último, la escasa presencia de África en los medios
y agencias internacionales y el modo en que se
representa tiene que ver con la capacidad que tiene
África de hacer valer sus propias representaciones.
Como plantean los responsables de comunicación
de Casa África, Joan Tusell Prats y Ángeles Jurado
Quintana, “nuestros medios de comunicación reflejan
a veces una realidad en la que los africanos no se
reconocen (…) Dan la impresión de que los africanos
no pueden analizar las realidades que viven o padecen,
como si no pudieran explicarse a sí mismos.”
El periodista sudafricano Moshoeshoe Monare señala:
“nuestras historias las cuentan otros.” Como se ha
mencionado, la mayor parte de la información sobre
África procede de las agencias internacionales. Tanto
es así que, explica Monare, la SAPA, “una agencia
surafricana de noticias de la que son propietarias y
a la que están suscritas las principales agencias de
comunicación, no tiene corresponsales fijos en el
continente y sus informaciones sobre África provienen
sobre todo de diversas agencias de noticias
occidentales.”
Hay iniciativas para intentar contrarrestar esta tendencia,
al menos dentro de la propia África. El periodista
marfileño Jean-Arsène Yao explica que el
Foro de Editores Africanos (FEA), que reúne a 190
publicaciones de casi 40 países, ya está trabajando
para intercambiar información y “evitar que, si un
ruandés quiere información sobre Malí, deba leer los
cables de la Agencia France Presse o de Reuters.”
Por supuesto, esto tiene que ver con cómo se establece
el flujo de noticias a nivel mundial (Norte-Sur)
y, en la práctica, con el peso que África tiene a nivel
internacional, lo cual está directamente relacionado
con su capacidad para marcar la agenda mediática y
hacer que se impongan sus propias representaciones.
No deja de ser el debate sobre el poder de comunicar
y el orden mundial de la información, que se remonta
a los años 80 con la redacción y posterior fracaso del
Informe McBride y su propuesta de un Nuevo Orden
Mundial de la Comunicación y la Información
(NOMIC).
Tres décadas después, la inclusión en el sistema mundial
de información del entonces llamado ‘Tercer
Mundo’, y ahora países en vías de desarrollo, sigue
siendo muy escasa y prácticamente nula en el caso
de África. Un factor que tiene mucho que ver con
la imagen que los medios del mundo ofrecen del
continente.

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