Lo literario y lo otro

Fuente:  Literafricas                                                                                                       15 marzo, 2018

The Power of Art. Captura YOUTUBE

Ciertos interrogantes me vuelven cada cierto tiempo. Sobre lo literario y la biografía. Ahora debido a Pablo Neruda y las últimas noticias extra-literarias que han aparecido en torno al chileno, ando girando otra vez sobre lo mismo. Recomendable leer este texto de la escritora Aroa Moreno Durán en el que reflexiona sobre estas revelaciones, por si las desconocéis aún. En realidad no son tales ya que las noticias sobre la actitud del poeta, de abandono, con su hija que nació con una hidrocefalia severa, ya habían visto la luz con anterioridad, aunque no en la manera totalizadora en la que lo han hecho en este marzo de 2018. Lo mismo que la violación, cuando él era cónsul en Colombo (Sri Lanka) en 1929, de una mujer negra y pobre, que él mismo cuenta en sus memorias Confieso que he vivido, a modo de anécdota. Dicen abandono y violación por parte del poeta. Añaden silencio por parte del mundo. Estamos hablando de Pablo Neruda.

Recuerdo otros casos. En Paul Bowles, el recluso de Tánger, su autor Mohamed Chukri denuncia que, bajo el pretexto de querer hacerle un favor, dando a conocer su obra, Bowles lo explotó; “En aquella época, yo no tenía agente literario, y ni siquiera sabía que existían. Otra desgracia más reservada para el tercer mundo: aprovecharse de su inocencia con el pretexto de dar a conocer a los artistas que, aunque con talento, permanecen ignorados. Como si, en lugar de darles el trato que se merecen, o de conseguir que éste sea más equitativo, se tratara de una obra de caridad”.

Citaré también a Rimbaud por tratarse este de un blog sobre literaturas africanas. Si su poesía te parece deslumbrante, seguro que habrás querido leer sus Cartas abisinias en la que nos mostraba al hombre materialista, al traficante de armas y esclavos que se escondía dentro de él. Ya lo escribió Albert Camus: “Para mantener la leyenda uno tiene que ignorar estas decisivas cartas. Son sacrílegas como a veces lo es la verdad”.

En definitiva, mantener la leyenda a costa de enterrar la verdad. Son intocables, por encima del bien y del mal. Y, a veces, ni siquiera eso: no hace falta ocultar nada. Basta simular que no se ha leído, tratarlo como un chisme sin importancia o una figura literaria del autor. Está pero nadie lo ve, o se ve pero nadie lo quiere sacar. Eran otros tiempos, se movían con otras claves. Puede ser ficción, no se puede probar, no se sabe, opinan. Nadie es perfecto: estas confesiones humanizan al artista, añaden.

El círculo literatura y vida se retroalimenta. Se mezcla una y otra vez. Nos preguntamos ¿cómo se puede escribir de esa forma siendo así?. ¿Crear belleza con ese déficit de humanidad?. ¿Ante una pluma brillante se olvida todo lo demás?. Al final parece que lo único que importa es la obra y no la vida del escritor.

Pero de pronto constatamos que puede ocurrir el fenómeno contrario.

Escritores mediocres con biografías alentadoras. Buenas personas con escaso talento. La literatura como mero juego de fuegos de artificio. Presencia la tienen. El respeto de mucha gente también, pero… ¿lectores de verdad?.

¿Entonces?.

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